Sábado, 24 de Octubre de 2026
Un fármaco podría evitar 125 reingresos al año en pacientes cardíacos de Castilla y León
Castilla y León podría evitar alrededor de 125 reingresos hospitalarios al año de pacientes sometidos a una intervención para sustituir la válvula aórtica del corazón. La clave está en la dapagliflozina, un medicamento utilizado habitualmente para tratar la diabetes y que demostró reducir las hospitalizaciones y la mortalidad en este perfil de pacientes, según los resultados del ensayo clínico DapaTAVI, liderado por investigadores del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y del Hospital Universitario Álvaro Cunqueiro de Vigo, con la participación de alrededor de 30 centros españoles.
El cardiólogo e investigador del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), Ignacio Amat Santos, es uno de los autores principales del estudio, junto al cardiólogo Sergio Raposeiras. La investigación aborda un problema frecuente tras las intervenciones para sustituir la válvula aórtica mediante un catéter: aunque la operación salga bien, el corazón puede seguir teniendo dificultades para recuperarse y obligar al paciente a volver al hospital.
“Cuando un paciente se interviene para cambiar la válvula aórtica a través de catéteres, aunque vaya todo bien, sabemos que hay casi un 25 por ciento de los pacientes que tienen que volver a ingresar porque siguen teniendo insuficiencia cardíaca”, explica Amat Santos en declaraciones recogidas por Ical.
La estimación del investigador sitúa en torno a un millar las intervenciones de este tipo que se realizan cada año en Castilla y León. Si uno de cada cuatro pacientes necesita volver al hospital durante los 30 días posteriores al alta, se producirían unos 250 reingresos anuales. Con el tratamiento estudiado, esa cifra podría reducirse aproximadamente a la mitad, lo que supondría evitar alrededor de 125 ingresos al año en la Comunidad.
El corazón necesita recuperarse después de la intervención
La válvula aórtica permite que la sangre salga del corazón hacia el resto del organismo. Cuando se estrecha, el corazón tiene que hacer un esfuerzo mayor para bombearla. Esta situación, si se prolonga durante años, puede provocar que el músculo cardíaco se engrose y pierda parte de su capacidad para relajarse y llenarse de sangre.
“Cuando se estrecha la válvula aórtica, que es la principal válvula por la que el corazón bombea la sangre a todo el organismo, aumenta la presión dentro del corazón, se retiene líquido y se produce una congestión en todo el organismo”, detalla el especialista.
Por eso, el reto no termina cuando se coloca la nueva válvula. “Aunque ya esté arreglada la válvula, de alguna manera hay que ayudar al corazón a que se recupere mejor después de poner la válvula”, resume Amat Santos.
Un medicamento conocido para mejorar la recuperación cardíaca
El fármaco estudiado es la dapagliflozina, que ya se utiliza para tratar la diabetes y determinados casos de insuficiencia cardíaca. El ensayo DapaTAVI se diseñó para comprobar si también podía beneficiar a las personas sometidas a una sustitución de la válvula aórtica mediante un catéter.
Para ello, los investigadores compararon los resultados de pacientes que recibieron el medicamento con los de otros que no lo tomaron. La asignación se realizó al azar, una fórmula que permite evaluar con mayor fiabilidad si las diferencias observadas se deben al tratamiento. Según los resultados presentados en un congreso estadounidense de cardiología, el medicamento redujo las hospitalizaciones y la mortalidad en los pacientes estudiados.
Uno de los posibles motivos de su efecto es que ayuda al organismo a gestionar mejor el exceso de líquido. De esta manera, puede contribuir a aliviar parte de las dificultades que persisten incluso después de haber sustituido la válvula.
“Lo de la válvula ya lo hemos resuelto, hemos conseguido que el corazón no tenga que trabajar tanto, pero claro, ese músculo ya ha quedado tocado”, explica el cardiólogo.
Evitar que una persona tenga que volver al hospital después de una intervención resulta especialmente importante en pacientes de edad avanzada, que pueden necesitar más tiempo para recuperarse y que, en muchos casos, conviven con otros problemas de salud.
“Al final, uno cuando se hace una intervención, lo que quiere es no morirse, obviamente, pero también estar bien, mejorar más rápido y no tener que volver al hospital”, señala el investigador.
Castilla y León podría evitar unos 125 ingresos al año
La aplicación de los resultados a Castilla y León permite hacerse una idea del posible alcance de esta investigación. A partir de las aproximadamente mil intervenciones anuales que estima Amat Santos, unos 250 pacientes podrían necesitar un nuevo ingreso durante el mes siguiente a la operación. Si el medicamento consigue reducir estos reingresos aproximadamente a la mitad, unos 125 pacientes podrían evitar volver al hospital cada año.
“Son unos números bastante significativos”, reconoce el especialista, que, sin embargo, recuerda que detrás de cada cifra hay una persona y una familia. “Cada persona es una vida, con una familia y para nosotros cada paciente es importante”.
El investigador destaca además el valor de estas intervenciones para mantener la salud y la autonomía durante más tiempo, especialmente entre las personas mayores. La sustitución de una válvula cardíaca, al igual que otras intervenciones médicas, puede contribuir a prolongar la esperanza de vida y mejorar su calidad.
Un tratamiento pendiente de incorporarse a las recomendaciones clínicas
La dapagliflozina ya está disponible, pero su utilización específica en pacientes que se han sometido a esta intervención todavía no figura en las guías clínicas para este perfil. Estas recomendaciones se actualizan periódicamente y el investigador prevé que los resultados del ensayo puedan contribuir a que el tratamiento se incluya en futuras ediciones.
Mientras tanto, el estudio continúa. Aunque ya se terminó la inclusión de pacientes y se presentaron sus principales resultados, los investigadores mantendrán el seguimiento durante años para comprobar cómo evolucionan las personas que recibieron el fármaco y aquellas que no lo tomaron.
Además, el trabajo provocó abrir nuevas líneas de investigación. El equipo analiza si los resultados son similares en distintos grupos de pacientes, entre ellos las mujeres y las personas con válvulas aórticas de pequeño tamaño. También estudia qué ocurre en pacientes que presentan problemas en otras válvulas del corazón. “Hay al menos otros diez artículos que se están derivando de esta investigación para aclarar subgrupos”, apunta Amat Santos. Entre ellos, reconoce que se encuentra uno que abre la puerta a intentar evitar que el corazón llegue a deteriorarse antes de que sea necesaria una intervención. “Estamos investigando si deberíamos poner antes estas prótesis, incluso antes de que los pacientes tengan síntomas”, explica el cardiólogo.
Este planteamiento requeriría detectar la enfermedad en fases más tempranas, incluso en personas que todavía no presentan molestias. Para conseguirlo, Amat Santos señala la importancia de estudiar posibles programas de detección, como por ejemplo el ‘screening’, que permite identificar la enfermedad antes de que avance, algo que facilita “la búsqueda de la enfermedad activa y no esperar que a que el paciente llegue al hospital con síntomas”, concluye.



