Martes, 21 de Julio de 2026
Un estudio de la UEMC revela que el 65% de los pacientes con ludopatía sufre ansiedad y depresión
Dos de cada tres personas con trastorno por juego presentan síntomas clínicamente relevantes de ansiedad y depresión. Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC) de Valladolid, en colaboración con la Asociación de Jugadores en Rehabilitación de Valladolid (AJUPAREVA), que también señala que la actividad física, aunque beneficiosa para la salud, no resulta suficiente por sí sola para reducir estos problemas emocionales ni la impulsividad asociada a la ludopatía.
La investigación, publicada en la revista científica International ‘Journal of Environmental Research and Public Health’, fue dirigida por Alicia Fernández Parra, coordinadora del Grado en Psicología de la UEMC. El trabajo analizó la relación entre la práctica de ejercicio físico, la ansiedad, la depresión y la impulsividad en 62 personas diagnosticadas con trastorno por juego según los criterios establecidos por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5).
Los resultados muestran que la mayoría de los participantes mantenía niveles moderados o elevados de actividad física. Sin embargo, esta circunstancia no se tradujo en una reducción significativa de los síntomas psicológicos asociados a la ludopatía. En concreto, cerca del 65 por ciento de los pacientes evaluados presentaba síntomas compatibles con ansiedad y depresión, mientras que los investigadores detectaron elevados niveles de impulsividad en toda la muestra, con independencia de la cantidad de ejercicio que realizaban.
Fernández subraya que los resultados no cuestionan los beneficios del ejercicio físico, sino que ayudan a definir cuál debe ser su papel dentro del tratamiento. “La actividad física sigue siendo un hábito saludable y recomendable, pero nuestros resultados indican que, por sí sola, no reduce los problemas emocionales asociados al trastorno por juego. Debe formar parte de un tratamiento multidisciplinar y no entenderse como una intervención aislada”, explica la investigadora.
El estudio sí encontró diferencias en algunas dimensiones específicas de la impulsividad. Las personas con mayor nivel de actividad física mostraban una mayor impulsividad motora, caracterizada por actuar de forma rápida o precipitada. Por el contrario, quienes realizaban menos ejercicio presentaban mayores dificultades relacionadas con la planificación y el control de la conducta. No obstante, los investigadores advierten de que estos hallazgos no permiten establecer una relación directa entre la práctica deportiva y una mejora de los principales síntomas psicológicos del trastorno.
Los autores defienden que el ejercicio físico debe incorporarse como un complemento dentro de programas de tratamiento integrales que combinen atención psicológica, psiquiátrica y social, siempre bajo una supervisión adaptada a las necesidades de cada paciente.
La investigación abre además nuevas líneas de trabajo para analizar el impacto que diferentes modalidades de ejercicio, intensidades y niveles de supervisión pueden tener en la evolución clínica de las personas con ludopatía y en la prevención de recaídas. Para ello, los investigadores consideran necesario desarrollar estudios longitudinales con muestras de mayor tamaño que permitan profundizar en el papel del ejercicio como apoyo terapéutico.



